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jueves, 18 de julio de 2013

Lo que dijo Ventari... 3ª parte (fin)

Tercera y última entrega dedicada a la afección de la Pesadilla y a los inaudibles.

El ensayo queda completo con este aporte final. Si alguien quiere enviarle comentarios o sugerencias a Saucesabio para futuras publicaciones, o bien de cara a una discusión minuciosa del texto, ya sabéis qué hacer. ;)

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La Pesadilla: la heteronomía de la voluntad y la pulsión tanática

No hay nada de innatural en la muerte: es la terminación causal de la vida. Es como un axioma: ineludible. Incluso la muerte viviente, como la que expresan los Resurgidos de Zhaitan, los liches y los esbirros de los nigromantes, pasa primero por la muerte natural.

La Corte de la Pesadilla no solo se regodea en la matanza; también en la tortura. La pulsión tanática, el deseo de destruir, es natural y existe en todos nosotros: ante el miedo, interviene la fuerza y así nos resguardamos. Pero poco después, cuando podemos racionalizar las cosas, otros sentimientos acuden: remordimientos, lástima y contrición.

No creo que los cortesanos carezcan de empatía, pero sí opino que la tienen atenuada. Muy atenuada. El mal de la Pesadilla, sea lo que sea, los captura bajo sus fauces; y estamos predispuestos a él porque llevamos su simiente en nuestro interior. Cuando explota, cuando se activa, la escala de valores se subvierte indefectiblemente y las pasiones se exacerban en detrimento de la razón (si es que, de alguna manera, existe algo similar a una razón que esté libre de pasión).

Supongo que el deseo de destruir la Tabla de Ventari está espoleado por una motivación inconsciente de propagar la Pesadilla, como la mala hierba que se extiende por un jardín. A día de hoy, todavía no he conocido a un solo sylvari converso de la Pesadilla que haya contradicho a la Corte. Así de intensas deben de ser las pasiones que se experimentan que llegan a nublar hasta el intelecto más crítico y racional.

Tan pujante debe de ser el influjo de la Pesadilla que quienes caen en su red ni tan siquiera son conscientes de que su capacidad para juzgar se ha visto mermada; no son sujetos morales, como adelantaba en la sección anterior. No son totalmente dueños de sus acciones, ya que aquello que es connato a ellos (y me refiero al libre albedrío aquí) les es reemplazado por un torrente de emociones externas que los hincha y los satura. No son seres autónomos y liberados de la Tabla de Ventari; son criaturas dominadas por una voluntad heterónoma que les ha sido impresa por la Pesadilla.

Debo extraer de todo esto que la Pesadilla es una perversión de la naturaleza actual. No hay lugar para la misma en el orden natural de las cosas. Los frutos que da la Pesadilla están marchitos; podridos en el interior. Pero ¿cuál es el orden natural de las cosas? Y ¿qué será de él si la Pesadilla gana la batalla? Quizá la Pesadilla no sea más que otro orden natural diferente o alternativo de los muchos que puede haber. Sopesar esa posibilidad me intriga tanto como me aterroriza.

La pregunta que nos debemos hacer es: ¿nos enfrentaremos a la Pesadilla? Evaluemos las ventajas y los inconvenientes de postrarnos ante la misma. ¿Dónde queremos vivir, en un mundo social gobernado por los principios de la Tabla de Ventari, donde el paso de las estaciones dictará el devenir de nuestra gente? ¿O queremos entregarnos a la Pesadilla y ser súbditos de un poder que no podemos descifrar?

La desesperación y la inquina eternas son las promesas de la Pesadilla; también la liberación, sí. Una liberación a corto plazo. ¿Cómo vamos a extrañar una moralidad que nuestra propia alma se niega a sentir? Si nuestra empatía congénita se recorta y si se acentúan nuestros sentimientos negativos por encima de los positivos, no tiene ningún sentido extrañar estos últimos; no existe la posibilidad de volver a padecerlos.

A colación de lo expuesto, una duda persistente me sigue acosando: si el motivo primordial de la disidencia, la razón por la cual se deserta a la Corte de la Pesadilla, es la libertad, el poder… ¿no es más contraproducente el remedio que la enfermedad? Si se limita nuestra capacidad para experimentar sensaciones como la paz y el amor, estamos cortándonos vías, estamos anulando nuestro poder de decisión. ¿Dónde nos deja eso a nosotros? ¿En qué rincón queda nuestra autonomía, esa independencia para escribir nuestro futuro que los cortesanos tanto reivindican?

Yo os lo diré: no existe. No hay libertad moral sin poder de decisión. La pregunta que me intranquiliza ahora es: ¿algo de esto importará si al final la Pesadilla nos acaba abrazando a todos? Probablemente no lo haga. Probablemente tengamos otras preocupaciones distintas. Probablemente nuestra existencia entera fuera una falsedad.

Los inaudibles. ¿Cobardes morales? ¿Nihilistas?

Algunos ven en los inaudibles el remedio al toque nefasto de la Pesadilla: si rescindes tu conexión con el Sueño, el riesgo de caer en las mortales garras de la Pesadilla es menor. Ese razonamiento, en frío, es cierto. No obstante, conlleva una serie de implicaciones: los sylvari nacimos con el don de la empatía, aptos para sentir el flujo del Sueño; liberarnos de ese lazo no deja de ser una renuncia a nuestro ser, a nuestra idiosincrasia. ¿Una renuncia moral? Quizá. ¿Pertinente? Tal vez.

Los inaudibles son tachados por el común de la sociedad sylvari como cobardes o como nihilistas en el peor de los casos. Reniegan del Sueño y muchos reniegan también de la Tabla de Ventari: desean forjarse a sí mismos sin la interferencia de nadie. En mi opinión, esa transición que experimentan los inaudibles es sana y justa; todos los sylvari deberían considerar gravemente qué están haciendo y por qué se avienen a los mandatos de la Tabla de Ventari y a las visiones que han sentido en el Sueño.

Los habrá felices con el destino que les haya sido regalado; otros, no tanto. Al igual que los cortesanos, los inaudibles toman una decisión: escindirse de las convenciones sylvari para madurar por su cuenta. A diferencia de los cortesanos, los inaudibles no truecan su esencia de forma irremediable: bloquean el Sueño, pero lo hacen conscientemente; es una opción de la que disponen y no es definitiva.

Aun así, ¿es esa la solución a la Pesadilla? No lo sé. Pasé un tiempo con los inaudibles y aprendí mucho de ellos, y personalmente pienso que su periplo es uno que merece la pena. Pero también opino que no se debe negar permanentemente lo que uno es: somos Soñadores, y debemos hacer valer nuestra identidad como tales. Con o sin la Tabla de Ventari de nuestro lado, seguimos siendo sylvari y el Sueño es nuestro patrimonio.

Los inaudibles nos brindan un bálsamo provisional: un anestésico para soportar durante más tiempo los embates de la Pesadilla. Sin embargo, ellos no poseen la respuesta, igual que tampoco la tiene la Corte de la Pesadilla ni la Tabla de Ventari de por sí; la respuesta a la pregunta más importante de todas: ¿quiénes somos y qué debemos hacer?

No hay atajos ni senderos fáciles que nos faculten para contestar a esa pregunta. La respuesta, simplemente, depende de cada uno de nosotros.

Conclusiones

Lo que dijo Ventari fueron una serie de consejos bienintencionados, no una retahíla de prescripciones que debieran ser cumplidas a rajatabla. La furia, la pena y el rencor son reacciones normales a las que todos estamos expuestos. Si bien debemos controlarlas, administrarlas y no tratar de impedirlas. Todo aquello que está vetado nos seduce; por eso, entre otros motivos, la Corte de la Pesadilla acuña cada vez a más seguidores.

La Pesadilla es un mal que debe ser combatido. Los inaudibles conocen métodos que pueden ayudarnos a mantenernos intactos con el fin de encararla de frente. La Corte de la Pesadilla ha hecho su elección, una que es a todas luces irreversible; su filosofía no es más que un panfleto hipócrita diseñado para atraer a los más cándidos y a aquellos que se temen a sí mismos.

Pero sabed algo: no venceremos a la Pesadilla con más miedo, sino con determinación. Ventari nos dio algunas de las claves para luchar contra ella, pero sus intuiciones son tan solo orientativas; no deben radicalizarse. Debemos ser flexibles, como los juncos. El fanatismo es el puente más directo hacia la locura, y por ende hacia la Pesadilla.

Estas son mis conclusiones y esta es la vía que propongo.

jueves, 11 de julio de 2013

Lo que dijo Ventari... (2ª parte)

Ahí va el segundo fascículo de "Lo que dijo Ventari". En esta ocasión Saucesabio nos hablará de la Tabla de Ventari y de su concepción naturalista de la moralidad, así como de la filosofía que inspira a la Corte de la Pesadilla.
 
A mi juicio, esta es la mejor entrega de las tres que están planeadas. Pero vosotros sois los que decidís. ;)
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La Tabla de Ventari, ¿una axiología de la naturaleza?
 
“I. Vive con plenitud y no malgastes nada.

II. No temas la dificultad. La tierra firme da fuertes raíces.

III. La única paz duradera es la paz que hay dentro de tu alma.

IV. Todo tiene derecho a crecer. La flor es hermana de la hierba.

V. Que un equívoco no provoque maldad ni pena.

VI. Actúa sabiamente, pero actúa.

VII. Desde una minúscula brizna de hierba, hasta la más inmensa montaña. Adonde va la vida, debes ir tú.”                                         

—Ventari. La Tabla de Ventari.

Siete son los preceptos que esculpió Ventari en su heptálogo. Estas enseñanzas atienden tanto a un orden moral como a un propósito estético: la idea de la armonía estaba profundamente enraizada con la concepción de lo salvaje en la mente de Ventari. Una clara prueba de ello son los abundantes símiles naturalistas que aparecen en su texto: en una de sus líneas alude al campo fértil y a las raíces; en otra, a las flores y a las briznas de hierba.

Para comprender la Tabla de Ventari deberíamos remontarnos a las vicisitudes que marcaron a su autor en su época: su peculiar iniciativa sumada al apoyo de su amigo humano, Ronan, son sin duda dos de los hitos históricos que configuraron su doctrina. Su sueño pudo materializarse gracias a Ronan: erigieron el Árbol Pálido y dejó a sus pies su evangelio, que contenía la sabiduría que había adquirido y perfeccionado en sus años como ermitaño.

No debemos olvidar que Ventari fue un eremita además de un visionario. Se alejó de los centauros y pasó mucho tiempo en la naturaleza, contemplándola en soledad. Escapó de una existencia turbulenta y de tribulaciones y creó un bastión que significase todo lo contrario: esperanza, unidad y paz.

Por más que sus observaciones del mundo silvestre estuviesen sesgadas, es comprensible por qué son así: Ventari buscó el solaz en los atributos más benignos de la tierra y obvió los más violentos. Tras haberse pasado toda la vida padeciendo a causa de la guerra, no le quedó otro remedio que elogiar la faceta más dócil y templada de la naturaleza. Una que a él y al resto de centauros les era esquiva.

Los ideales del centauro Ventari tenían que ver con el crecimiento, con la placidez y con el verdor perpetuo de la agreste selva del Bosque de Caledon. Pero la naturaleza es mucho más que eso, como predica la Corte de la Pesadilla; la Tabla de Ventari tan solo refleja las cualidades positivas y calmantes que hay en los terrenos frondosos. Y si bien advierte contra la maldad y contra la pérdida de la concordia, nunca se detiene a explicar por qué.

Si bien Ventari abre una puerta al relativismo en el momento en el que se reafirma en la búsqueda de una certeza subjetiva por medio de la ascesis, a mi parecer su filosofía entroniza ufanamente una noción erróneamente naturalizada del bien. O más bien, algunos de sus adeptos más acérrimos la interpretan de ese modo; dudo que Ventari fuese tan inocente como para despreciar las evidencias que demuestran que la fauna y la flora no se rigen por principios éticos, sino en todo caso pragmáticos (si es que se puede desligar de algún modo la praxis y la pragmática de la ética, cosa que me resulta inconcebible; pero no despertemos a ese dragón, que es una bestia bien diferente).

Siendo así, era solo cuestión de tiempo que hubiera sylvari que quisieran explorar por sí mismos las consecuencias de transigir las ordenanzas de la Tabla de Ventari. Hemos oído cómo los humanos se embarcan en un curso madurativo análogo conocido como “adolescencia”; en dicho proceso, sus instintos los obligan a oponerse a las convenciones y a los tabúes sociales establecidos en orden de formar los suyos propios.

La axiología de Ventari ofrece tanto una lista de valores como una de contravalores: el despilfarro, la comodidad, el caos, la destrucción, la rabia, la indiferencia y el estatismo. No los analizaré minuciosamente, pues el objeto de esta disquisición discurre por otros lindes; tan solo quiero que apreciéis cómo estos contravalores de Ventari se reflejan casi especularmente en los principios que empuña la Corte de la Pesadilla. Eso y que entender la Tabla de Ventari como una axiología natural de la naturaleza es un error; es una axiología naturalista a tenor de las metáforas que utiliza, pero el funcionamiento real de la naturaleza tan solo se advierte parcialmente en la obra de Ventari.

Resulta irónico, ¿no os parece? Libertarios de los sylvari, como se declaran ser, y al mismo tiempo prebostes de la raza y de su independencia, actúan forzosamente bajo el influjo de la Tabla de Ventari: juegan con sus mismas reglas y han pergeñado su filosofía a partir de una proyección invertida de la misma. Pretenden refutar a la sociedad sylvari no mediante la invención de una nueva escala de valores relativamente original, sino mediante la subversión de la moralidad contemporánea. Y aunque eso es perfectamente lícito, acusan de una notable falta de coherencia en sus actuaciones (amén de una total ausencia de escrúpulos en la ejecución de esta maniobra).

Si tanto detestan la Tabla de Ventari, ¿por qué adoptar una perspectiva polarizada de la misma? No son agentes del cambio y de la emancipación; son esclavos de la Tabla de Ventari. Son una mera antítesis, una burla sin gracia atada a la volubilidad de su corazón y a la corrupción que reside en lo más profundo del Sueño. ¿Cómo aspiran a superar a la Tabla de Ventari de este modo? Incurren en una terrible y trágica paradoja.

La pregunta es: ¿son conscientes de ello o sus prédicas no son más que un pretexto meticulosamente elaborado con el que justifican rendirse a los encantos de la Pesadilla?

La falacia de la filosofía cortesana

En el epígrafe anterior me refería a la Corte de la Pesadilla y a la dualidad moral que constituye junto con la Tabla de Ventari. Me gustaría reflexionar con brevedad acerca de esta particularidad. Resulta muy conspicuo el alarde que hacen los cortesanos acerca de su liberación de las constricciones sociales cuando en realidad necesitan a Ventari; la Tabla de Ventari es la excusa en la que sustentan las fundaciones de su movimiento.

Y es que la Corte de la Pesadilla no existiría sin estos dos elementos: la Pesadilla y la Tabla de Ventari. Desgranaré esta aseveración a medida que os expongo mis argumentos.

Retomando mis corolarios acerca de la axiología naturalista de la Tabla de Ventari, lo que defendía, en síntesis, es que era un documento incompleto y sesgado. Por buenas razones, sí, pero necesariamente sesgado. La Tabla de Ventari presenta como natural la paz y el orden, y en este sentido la Corte de la Pesadilla lleva razón: la lucha y el desorden, sus dos antónimos directos, son también dos componentes esenciales de la naturaleza. Y ahí es donde Ventari se equivoca al no mencionar ese aspecto binario, bicéfalo y asociativo que se presenta recurrentemente en la naturaleza.

Seguro que muchos habéis oído hablar de la ley del más fuerte. Todo tiene derecho a crecer, sí, pero ¿qué ocurre cuando se topan una presa y un depredador? ¿Qué deberíamos hacer si obedeciéramos a rajatabla los mandatos de Ventari? ¿Intervenimos a favor de la presa y la salvamos de las fauces del depredador? ¿Cuál sería la conclusión última de una extrapolación de tal índole de los valores de Ventari?

Poneos en situación: si todo tiene derecho a crecer y, aun sin matar a los predadores, fomentamos la protección de sus presas, estos primeros morirán de hambre. Además, deberíamos llevar esta filosofía a un nivel mucho más profundo y sustancial: a los brotes. Salvémoslos también de los herbívoros, porque tienen derecho a crecer. Y de paso, no solo estaremos aniquilando a toda la fauna del ecosistema, sino que también moriremos de inanición los sylvari.

Si bien esta es una exageración ab absurdo de lo que comportaría interpretar la Tabla de Ventari al pie de la letra y de forma radical, creo que vislumbráis adónde quiero llegar: la muerte es el destino final y natural de la vida y Ventari no hace alusión a ella. Dudo que el venerable centauro tratase de transmitir esta moraleja ridícula que yo acabo de explayaros, pero tampoco fue especialmente concreto. Hay vacíos en su doctrina, vacíos que solo se pueden suplir desde fuera: con las experiencias que los sylvari vayamos acumulando acerca de Tyria y de sus habitantes.

Así pues, tras esta digresión, regresemos al punto en el que estábamos: el ideal de la Corte de la Pesadilla no es diametralmente opuesto a la Tabla de Ventari. Son sus acciones las que cubren leguas de distancia con el credo que afirman poseer, de manera oportuna puesto que sus auténticos propósitos distan mucho de ser nobles.

Claro que hay ira en el mundo, claro que hay rencor en nuestros corazones y claro que los sylvari debemos ir más allá de la Tabla de Ventari (osadía a la que el propio Ventari nos alienta en la séptima línea de su heptálogo); sin embargo, la destrucción del monumento, del Árbol Pálido y de todo lo que ha supuesto para nuestro pueblo, no es el camino a seguir para alcanzar esta meta. Si tiene que haber una sustitución, esta debe ocurrir solo cuando se haya diseñado una filosofía más completa y efectiva, aceptada convencionalmente por el mayor número de sylvari, que trascienda las limitaciones evidentes de la doctrina de Ventari y que replete los huecos que aqueja.

Entonces, ¿de dónde parte la hostilidad de la Corte de la Pesadilla? Su ideología es realmente accesoria a la de la Tabla de Ventari, porque lo es; es su contrapeso indiscutible, por usar una balanza como metáfora. Siendo así, ¿no incurre la Corte de la Pesadilla en el mismo fallo del que acusa a los Soñadores cuando pretende vender su filosofía, que no es más que una sombra mustia de la Tabla de Ventari, como un icono patriótico, emblema del orgullo y de la autonomía sylvari? ¿No están dejándose influenciar en exceso por el dogma de Ventari?

Os daré mi opinión: sí que lo hacen. Y los cortesanos son totalmente conscientes de su equívoco, ¿o acaso os creéis que no hay pensadores entre los suyos? Los tienen. Y muy inteligentes y taimados. No obstante, todos sufren de la misma maldición y de un horrible impulso: matan, causan malestar y agonía allá adonde van. Creen desearlo, pero su deseo parte de la corrupción a la que están sometidos; no tienen libertad para actuar, están domeñados por una fuerza ulterior que hace que se deleiten con el dolor ajeno. Por tanto, en esa tesitura, cabría cuestionarse que sean sujetos morales verdaderos.

Por lo que he aprendido en mis andanzas por Tyria, ninguna otra especie disfruta con el sufrimiento de los suyos salvo que esté enajenada. La Pesadilla es una especie de dolencia, como la rabia que sufren algunos perros, que mora latente en lo más hondo del Sueño y que se manifestó primero en uno de nosotros, Cadeyrn; desde entonces se ha expandido viralmente como una plaga. Y hay algo en nuestra naturaleza que nos hace vulnerables a ella; probablemente, el propio vínculo con el Sueño.

Si la Corte de la Pesadilla enloqueció no fue solamente porque sucumbiese a un ideario erróneo. Todas sus proclamas de romper con el orden establecido y con la tradición de Ventari son falsas; son efugios con los que justificar el odio tan antinatural que sienten. Son un reclamo para atraer a otros sylvari descontentos a sus huestes.

Pero la culpa no la tiene la maldad intrínseca del discurso de los cortesanos; la culpa es de la Pesadilla.

sábado, 6 de julio de 2013

Lo que dijo Ventari... (1ª parte)

Lo que dijo Ventari son una serie de escritos redactados por el misterioso filósofo sylvari Saucesabio; Saucesabio es, de hecho, el pseudónimo que este pensador utiliza para mantener a salvo su identidad.
 
Los iré publicando por fascículos, siendo este el primero: son ensayos que recapacitan sobre distintos aspectos de la naturaleza del Sueño desde una cierta sensibilidad filosófica. Y pese a su carácter eminentemente expositivo, no constituyen una guía, sino más bien una reflexión generativa en el sentido más chomskiano posible de la palabra.

Aunque en el artículo se manejan algunos conceptos de filosofía, su entendimiento no es imprescindible para comprender la esencia del texto. La mayoría de ellos, los más importantes, se pueden deducir por el contexto.
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Lo que dijo Ventari

Una lectura hermenéutica de la idiosincrasia sylvari, por Saucesabio

Introducción

La pregunta “por qué” siempre ha bailado en los confines de mi cabeza: me ha hecho presa de sus peligrosos vaivenes y me ha conducido por derroteros sombríos y amargos. Ya desde antes de salir de la vaina, el “porqué”, o mejor dicho, los “porqués”, me han atormentado profunda y silenciosamente.

¿Por qué pongo estos pensamientos a tu alcance? No lo sé. Lo único que sé es que mi mente bulle con una infinidad de interrogantes: ¿por qué seguir la Tabla de Ventari? ¿Por qué la Corte de la Pesadilla se equivoca en su cruzada? ¿Sufren los inaudibles de una cobardía moral y de un pesimismo nihilista?

Si hago caso a lo que cuentan los mentores, la Madre Árbol plantó en todos nosotros una semilla que nos conformó tal y como somos en el momento de nuestro nacimiento. Nos fue inculcado conocimiento que flotaba en el espacio etéreo del Sueño, memorias deshilachadas de otros sylvari. Y todo se hizo obedeciendo a un designio superior que no podemos entender, pero que sí que nos podemos cuestionar.

Los promotores y los detractores de la Tabla de Ventari han esgrimido numerosos argumentos con tal de hacer valer su ideología: unos hablan de bondad, de orden societario y de paz; otros glorifican la liberación de las ataduras morales. ¿Cuál de ellos lleva razón? ¿Se puede determinar mediante algún razonamiento filosófico la verdad? Y si es así: ¿en qué plato de la balanza descansa?

A lo largo de mi corta existencia he conocido la cara de los Soñadores, de los inaudibles y de los cortesanos. Guiado por una pulsión que soy incapaz de explicar, me he movido por senderos angostos que intersecan sus horizontes éticos. He aprendido y he comprendido, y ninguna de mis dudas se ha visto resuelta hasta la fecha; por el contrario, ahora tengo muchas más preguntas que entonces, e incluso más pesadas.

No obstante, antes de comenzar mi disertación quiero hacer un par de aclaraciones: en primer lugar, este ensayo no es una apología de la Tabla de Ventari; en segundo lugar, tampoco es una crítica a la Tabla de Ventari ni un panfleto de la Corte de la Pesadilla. Ni eso, ni un manifiesto inaudible. Nada de eso.

Las reflexiones que leerás en este escrito son mías. Mías y solo mías. Cualquiera que se las apropie espuriamente o que ose tergiversar mis palabras conocerá mi furia, ya sea Soñador, cortesano o inaudible; me da lo mismo.

Soy un sylvari, y eso es todo lo que importa. Somos sylvari, y eso nos une. En “Lo que dijo Ventari” haré una exégesis de la idiosincrasia de los Soñadores, pero también de la Corte de la Pesadilla y de los inaudibles. Las pondré en contraposición y las compararé. Y al final, y solo al final, extraeré mis propias conclusiones.

Así que allá vamos. Empezaré por el pilar más básico de todos: el Sueño.

El problema del Sueño: la autopoiesis sylvari y el determinismo

En mi Sueño escuché los sermones interminables de un anciano filósofo humano. Yo atendía con curiosidad a sus clases; pese a ello, tenía la sensación de que había otros alumnos a mi alrededor que dormían plácidamente. Quizá debería darles las gracias a esos estudiantes: puede que el mérito de mis conocimientos se deba a sus siestas, convenientemente inspiradas por las alocuciones de su orador.

Antes que los sylvari estaba la Madre Árbol. Y antes que la Madre Árbol estaba el Sueño. A estas alturas todos conocemos la historia de Ventari y Ronan: Ventari creó un refugio pacífico y en él Ronan sembró la simiente del Árbol Pálido. De este gesto simbólico de amistad y de unión ante la adversidad surgió la Madre Árbol, y posteriormente, doscientos años más tarde, los sylvari.

Resulta de una poesía abrumadora que muchos pimpollos, e incluso sylvari con varias generaciones a sus espaldas, enarbolen este símbolo como su causa y bandera. Los sylvari, según sus predicamentos, son un testimonio viviente de la paz y de los lazos de fraternidad; adalides de las virtudes que Ronan y Ventari cultivaron en su santuario.

Supongo que sentirse partícipe de un legado tan noble dignifica, aunque sea por proximidad, hasta al pimpollo más ingenuo. Mas asumo que si estás leyendo esto es porque no perteneces a esa clase de dichosos idealistas, así que hazte conmigo unas cuantas preguntas: ¿cómo se gestó la conexión de la Madre Árbol con el Sueño? ¿Qué es el Sueño y por qué somos tan susceptibles a él? Y en un último renglón, ¿qué es la Pesadilla?

Y ahora quiero que me entiendas bien, pues no me voy a repetir: aborrezco los discursos oficialistas. No son más que peroratas políticas. Puedes tacharme de hereje, de iconoclasta o de lo que te apetezca por afirmar esto; me importa un rábano. Respeto y admiro la labor de la Madre Árbol y me intriga la naturaleza del Sueño. Que no le haga un cunnilingus verbal a los partidarios de ningún dogma se debe a que uso un órgano que algunos, Soñadores y cortesanos por igual, tienen atrofiado: el cerebro.

Nos hablan del Sueño como algo inmanente: una dimensión o un estado de conciencia alterno donde se vierten las memorias colectivas de nuestra especie. Son esos conocimientos los que nos nutren en nuestra etapa germinal. Se cuenta que el Sueño también concede visiones del futuro, las llamadas Cazas Sylvestres. Sin embargo, ¿son esas predicciones ciertas e inevitables? ¿Cuál es la voluntad, el tejedor, detrás del Sueño que le otorga a cada sylvari sus habilidades? ¿Cómo se originó el Sueño?

Podría ser obra del azar: del caos. La suma de las aptitudes de cada sylvari podría no ser otra cosa que el resultado de un procedimiento estocástico que tiene lugar dentro del Sueño. No obstante, existe otro problema: si asumimos el carácter profético e irrevocable de las Cazas Sylvestres, ¿no estamos minimizando el peso de las decisiones que tomamos a la hora de elegir nuestro propio destino? ¿No estamos aceptando que nuestro recorrido está prefijado desde la vaina, que somos una tabula rasa lista para ser llenada sin que medie por nuestra parte ningún tipo de acto de volición (como, por otra parte, aseguran los empiristas más recalcitrantes)?

¿En qué estatuto nos deja esta afirmación como sylvari? ¿Somos los peones de algún tipo de fuerza intangible que nos manipula desde los límites de un tablero de ajedrez desconocido como es el Sueño? ¿Es nuestra capacidad para producir interrogantes, para plantearnos nuestras acciones y para planificar el futuro, el simple producto de una ilusión, de un espejismo mental? Y ¿acaso ser conscientes de la inutilidad de nuestros esfuerzos surtirá algún efecto en el camino que nos ha sido escrito?

Quizá ahora empecéis a entender la desazón que me embarga cuando escribo estas consideraciones intempestivas. No disfruto siendo un mero paciente de la suerte que me ha sido asignada en la partida de dados del Sueño; quiero ser el dueño de mi destino. Y aun así, sigo siendo víctima de una de las cuestiones teleológicas más perseverantes de la historia: ¿cuál es el fin último de todo? Si existe el destino, ¿tiene sentido rebelarse contra él? ¿Por qué?

Exista o no exista, hay algo en nuestros corazones que demanda una respuesta. Necesitamos seguridad, una certeza a la que aferrarnos. Algunos la encuentran en la fe: depositan sus esperanzas en un credo, como la Tabla de Ventari, o en los pregones baratos de la Corte de la Pesadilla. Otros viven indecisos o se mantienen al margen, como los inaudibles, y se formulan repetitivamente estas mismas preguntas.

Desgraciadamente, no tengo una contestación satisfactoria a esa pregunta. Tengo varias, y todas ellas me complacen tan solo parcialmente. Tal vez el carácter limitado de nuestras mentes no nos permita dilucidar una verdad universal, en la acepción más expansiva de la palabra. Así pues, zozobro a la deriva en un mar de incertidumbre filosófica, donde el voluntarismo se me antoja un embeleco bonito y la presunción del determinismo que acompaña a una Caza Sylvestre me llena de desasosiego.

Supongo que cada uno de nosotros debe elegir su verdad: una verdad interpretada, individualmente significativa, contextualmente sensible y emocionalmente sentida. Una verdad hermenéutica, en contradicción a la quimera que es la verdad absoluta. Dejar nuestro sino en manos de otros por temor a lo que pueda haber más allá es lo auténticamente reprobable. Es un consuelo para pusilánimes y para imbéciles.

“Actúa con sabiduría, pero actúa”, dijo Ventari; a la hora de buscar la verdad, de seleccionar unas lentes con las que ver el mundo, también hay que tomar una postura. Y caben dos opciones: escondernos como ratones bajo la sombra de una entelequia, o salir a la luz y arriesgarnos a sufrir las quemaduras del sol y eventualmente la muerte.

Pero que nadie se engañe: la muerte es el único hecho innegable en esta vida. Es la única dualidad lógica que a mis ojos resulta indefectible y obligatoriamente axiomática.

Todo lo demás son solamente suspiros en el viento.